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El lamento de los médicos y los pacientes: «Con tantos casos de coronavirus sentimos una bofetada si llaman a una marcha».

Coronavirus en Argentina Crónica habló con los profesionales de la salud y los pacientes, que están luchando entre la fatiga física y psicológica y la incomodidad con las últimas manifestaciones antigubernamentales en medio de la pandemia Covid-19.

El lamento de los médicos y los pacientes:

El lamento de los médicos y los pacientes: "Con tantos casos de coronavirus sentimos una bofetada si llaman a una marcha".

Por Matías Resano [email protected]

En un momento en que el número de infecciones por coronavirus aumenta día a día y el pico no se detiene, los trabajadores de la salud no ocultan su malestar ante los diversos signos de desconocimiento de la situación sanitaria extrema actual, y por ello hablan de «dos Argentinas». Una tiene lugar dentro de cada hospital, la otra fuera, con multitudes de personas en lugares públicos, típico de la impaciencia de estar encerrado, además de la incredulidad de algunas personas en la enfermedad.

En los bosques de Palermo, el fútbol vuelve a estar a la orden del día, y los picnics son habituales, como las comidas campestres o las mateadas. El obelisco, la Plaza de Mayo y el Congreso se han convertido en lugares de reunión para manifestaciones con diversos propósitos.

El jueves pasado, sin embargo, se rindió un homenaje a los 80 trabajadores de la salud que murieron de coronavirus en una de las oficinas de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE). En el hospital Meléndez, 170 de las 260 enfermeras se infectaron.

Un contraste que dio la alarma y por el cual Rodolfo Arrechea, representante del mencionado sindicato, dijo ante Crónica que «este es el momento de mayor crecimiento del virus y sentimos un golpe cuando llaman a una marcha con un discurso que no entendemos».

Aunque Arrechea se refirió a las recientes demandas políticas, también comentó varios signos de incumplimiento de la cuarentena, señalando que «fuera está Disneylandia y no tienen en cuenta lo que sucede dentro de los hospitales, donde hay fatiga física y psicológica del personal porque la infección sigue aumentando».

En el campo de batalla contra este enemigo invisible, las enfermeras y los médicos están redoblando sus esfuerzos o dando sus vidas, lo que se refleja en los 23.248 trabajadores de la salud que se han infectado con la enfermedad.

Uno de ellos es Juan Carlos López, quien trabajó como enfermero en el hospital de Rivadavia hasta finales de mayo, cuando comenzó a sentirse mal con las dolencias estomacales. Luego desarrolló fiebre y luego falta de olor, síntomas para los cuales fue a una clínica, y allí las pruebas correspondientes mostraron Covid-19 positivo.

Además, en su segundo día de hospitalización mostró severas dificultades respiratorias y, por consiguiente, tuvo que ser ventilado mecánicamente, pero luego fue conectado a un reservorio de oxígeno.

Como su sistema pulmonar no respondió satisfactoriamente, pusieron su cuerpo al revés para aumentar su capacidad respiratoria. «En este punto, le dije a los médicos que hicieran lo que tenían que hacer. Me intubaron, y al mismo tiempo comenzó una complicada lucha para conseguir plasma porque no había protocolos para dármelo», dijo López.

Después de un mes de resistencia al deterioro de su salud y a los obstáculos burocráticos, se sometió al tratamiento adecuado y fue dado de alta. En estos días, continúa su recuperación en casa y se está sometiendo a una rehabilitación intensiva ya que sus pulmones han sido gravemente dañados. Cuando estuvo al borde de la muerte, Juan admitió: «Me da mucha impotencia cuando no sé cómo hacer entender a esta persona que es incrédula; el virus existe, y no necesariamente hay que tener una enfermedad preexistente».

En su caso, Verónica se enteró de que tenía coronavirus el 3 de agosto, y su condición no era leve, ya que sufría de neumonía. La mujer trabaja en el Hospital Meléndez, y dejó claro que «los centros de salud no cubren todas las necesidades, no podríamos manejarlo».

Entonces la enfermera comentó: «La gente piensa que es una tontería, y tenemos un compañero que ha sido ventilado mecánicamente durante 25 días y otro que se ha dado vuelta para expandir sus pulmones. Son personas sin patologías, mientras que otros están bailando, marchando o jugando a la pelota en los parques. Estas son las mismas personas que luego se quejan de nosotros.

La doctora clínica Silvina Guala, por su parte, destacó que «el momento en que todos tenemos que estar dentro es el momento en que la gente sale más a la calle y no se registra el número de muertes e infecciones; es una cuestión de credibilidad, por lo que invito a la gente a caminar por el pasillo de un hospital para ver de qué se trata».

Partiendo de esta posición, el especialista aseguró que «podemos expresarnos, pero en este momento tenemos que hacerlo de otra manera, en el balcón, apagando las luces o de otra manera, pero dentro de la casa; las marchas son una bomba sanitaria».

Los testimonios muestran la preocupación y el rechazo de los trabajadores de la salud hacia esta relación, que se hace cada vez más visible de diferentes maneras en las calles públicas, mientras que al mismo tiempo la más dura realidad de la pandemia está emergiendo en los centros de salud.

Por esta razón, Arrechea fue muy elocuente en la presentación de esta contradicción, que llamó «Las dos Argentina». Uno representado por el personal sanitario, el otro fuera del hospital, con una importante circulación de personas, lo que supone un aumento del número de casos y de camas de cuidados intensivos en la línea roja».