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Nunca es demasiado tarde para empezar a escribir: publicó su primera novela a los 65 años.

Leonardo Klimann Cherñavsky tiene 68 años y hace tres veranos publicó su debut literario llamado "En el barrio se paró el mundo". Cuando hay un deseo, todo es posible.

Nunca es demasiado tarde para empezar a escribir: publicó su primera novela a los 65 años.

Nunca es demasiado tarde para empezar a escribir: publicó su primera novela a los 65 años.

Por Mariano Cerrato @MarianoDCerrato

«Nunca es demasiado tarde para animarse» es una frase que se escucha más de mil veces en la vida cotidiana y que podría encajar perfectamente en la biografía de Leonardo Klimann Cherñavsky, de 68 años, quien, tras muchos años de amor y devoción a la literatura, publicó su primera novela como escritor en agosto de 2017 con «En el barrio se paró el mundo». «Empecé a escribir a los 35 años, pero nunca me atreví a publicarlo», dijo a «Crónica».

Durante muchos años no quiso publicar sus escritos, pero encontró en la regañina «de un amigo que es un gran músico y lector» el impulso que necesitaba cuando le dijo que si no publicaba lo que escribía, «terminaría como Franz Kafka», el famoso escritor europeo cuya obra se dio a conocer en gran medida después de su muerte.

A partir de entonces, el escritor de Temperley en Buenos Aires publicó dos novelas más en 2019, tituladas «Adiós Berlín» y «Kentik, una mujer valiente», mientras estaba en proceso de publicar una cuarta novela. Sin embargo, su lanzamiento fue interrumpido por la pandemia de coronavirus y la imposibilidad de presentarlo en la feria del libro que se iba a celebrar en la ciudad de Buenos Aires este año.

Su otra pasión, a su vez, siempre ha estado ligada a las «artes plásticas», lo que le llevó a realizar dos documentales en los que filmó presentaciones de destacados artistas de su zona y de las ciudades cercanas, lo que le valió el reconocimiento del distrito de Lomas de Zamora, que recibió el premio «Ciudadano Ilustre» en 2016.

Pero el escritor siempre ha tenido que adaptar su tiempo a su profesión de toda la vida, la de constructor, ya que, como señala, «había algo por lo que vivir» mientras que actualmente dirige una pequeña fábrica de juguetes.

Cómo se acercó a la literatura

Nacido en 1952, Leonardo perdió a su padre a la edad de nueve meses por una enfermedad incurable. Creció con su madre, que trabajó como profesora toda su vida y le dio su primer contacto con el apasionante mundo de la literatura a través de novelas, libros y cómics, que ella le dio a leer.

«Solía leer cómics de niño y luego cómics para adultos, como los de Héctor Oesterheld», dice. Sin embargo, su acercamiento más profundo a la literatura lo encontró a los 20 años, cuando participó en «un taller literario con Ricardo Piglia», un conocido escritor y crítico literario argentino con el que «trabajó durante cinco años», y luego pasó a un taller con el escritor Miguel Briante.

Conocí a Borges pero no me atreví a hablar con él,

Mientras trabajaba a la edad de 18 años en un café literario de la calle Florida, donde varios escritores daban conferencias, entre ellos Jorge Luis Borges, aunque admite que a esa edad era «un poco tímido» para animarse a hablar con él.

Leonardo subraya, sin embargo, que este desarrollo, que tuvo al lado de destacados escritores, creó «incertidumbre» sobre sus escritos y le impidió publicar su primera novela durante tantos años, ya que sentía que «todo lo que podía escribir» no le «agradaba».

Su militancia en la política

Un componente que sin duda marcó para siempre el camino de Leonardo Kliman Cherñavsky y cambió su destino fue la política, en una época en que los jóvenes eran perseguidos por sus ideales y su militancia. «Estudié dos años de cine en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata, hasta que llegó José López Rega y tuve que irme en 1973 porque amenazaron a varios de mis compañeros y era peligroso», explica.

López Rega encarnó el ala más conservadora del peronismo desde su llegada al Ministerio de Asuntos Sociales y fue el organizador de la Triple A, organización que iba a llevar a cabo operaciones de secuestro y desaparición forzada, en la antesala de la llegada del último gobierno militar en 1976.

En este contexto, Leonardo fue miembro del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), donde sirvió durante tres años, mientras era delegado de la Empresa Nacional de Telecomunicaciones (ENTel), de la que fue expulsado más tarde junto con otros 600 trabajadores. «Dejé el PRT y la dictadura llegó cuando empecé el peronismo en el ejército, pero bajé mi perfil cuando todo empezó porque querían perseguir a los que poníamos la cabeza en la línea», subrayó.

En ese momento, Leonardo se mudó a un apartamento con la primera de sus tres esposas, mientras que tenía «tres amigos que desaparecieron y otros que se exiliaron en Suecia», por lo que sólo pudo reanudar su militancia peronista «con el retorno de la democracia».

El actual

Leonardo pasa sus días de cuarentena entre trabajos, escribiendo historias que tiene «en progreso» y discutiendo una vez a la semana con un grupo de personas con las que comparte virtualmente un taller y con las que publicó un libro titulado «Ficciones del otro lado del espejo» hace un año.

tiene dos hijos a los que ama «más que a la literatura» y de los que se siente orgulloso, al tiempo que subraya que «hasta el día en que mueras, debes tener ilusiones» y que «no puedes vivir sin sueños», dos consejos de un hombre que sabe por experiencia propia que nunca es demasiado tarde para seguir soñando.

Las influencias en sus historias

Para Leonardo Klimann Cherñavsky, el contexto sociopolítico en el que creció fue una fuente de inspiración para sus historias, lo que se refleja en «El mundo se detuvo en el barrio».

«Se trata de un hombre que se convierte en delegado en la época de Perón y participa en el grupo de Montoneros, mientras vive una situación muy dramática porque el ejército está matando a la mujer», dice Leonardo a «Crónica».

En su tercera novela, «Kentik, una mujer valiente», Leonardo habla de «una mujer que se hace dependiente de un hombre que trabaja en el servicio secreto y de la desaparición de personas durante la dictadura militar», aunque en su segunda novela, «Adiós Berlín», se escapa un poco de la realidad argentina para «inspirarse en la historia de un amigo que huyó de la Alemania nazi con su madre, y en esta historia son perseguidos por Europa».

Hoy espera la publicación de su cuarta novela, «La Reina de Constitución», que trata de una chica que «vive en el segundo sótano de la estación de trenes» y combina referencias a los avances tecnológicos de la época del «gobierno de Perón».

Su visión de la dictadura

Aunque permaneció distanciado de la milicia de seguridad, Leonardo pasó los años del último juicio militar en Argentina con gran preocupación, ya que sus tres amigos estaban desaparecidos y él «sabía lo que estaba pasando».

«Cuando ganamos la Copa del Mundo en el 78, sabía lo que estaba pasando, que la gente desaparecía y mataba gente, y vi a toda esa gente caminando por la Avenida Santa Fe (en Lomas de Zamora), feliz por la Copa del Mundo. Me dije a mí misma por qué necesito saber la verdad y por qué no puedo celebrarlo», dice la escritora Crónica.

Otro momento que marcó un punto de inflexión para él fue cuando, durante la guerra con el Reino Unido, la gente «salió a animar al también presidente militar Leopoldo Galtieri «por las Malvinas», y él relata que luchó con aquellos que decían «que estamos ganando».

«Luché con un taxista que pensaba que íbamos a ganar la guerra de las Malvinas, y cuando le dije que no creyera todo lo que decían, me trató como a un antipatriota. Estaba muy enfadado y quería pegarme, así que tuve que salir del taxi», dice Leonardo sobre un episodio que resume el ambiente de la época.

Por M.C.