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El G20 se comprometió con el FMI a suspender el servicio de la deuda y a acercar la financiación a los países en crisis

Las grandes potencias aseguraron que atenderán las necesidades financieras de los países más necesitados en el contexto de la pandemia, y pidieron a los organismos multilaterales y a los acreedores privados una mayor transparencia en la reestructuración.

El domingo, el presidente Alberto Fernández asistió a la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno del Grupo de los 20 (G20), quienes prácticamente acordaron en esta ocasión seguir apoyando a los países en desarrollo que se enfrentan a las consecuencias económicas, sociales y sanitarias de la pandemia del coronavirus con escasos recursos.

Presidida por Riad, la Cumbre aprobó una declaración en la que los países miembros del G20 se comprometen a mejorar el acceso de los países a la financiación de las vacunas y otros elementos necesarios para el ataque contra Covid-19.

Con el telón de fondo de una crisis mundial generalizada y la caída del PIB, el G20 se comprometió a aplicar más medidas de estabilización utilizando instrumentos fiscales, monetarios y financieros para garantizar que «las instituciones de crédito y las organizaciones internacionales pertinentes apoyen a los países emergentes, en desarrollo y de bajos ingresos».

El gobierno ha considerado que los términos de la declaración se han reforzado en vista de la renegociación del crédito de reserva cuyo reembolso al Fondo Monetario Internacional (FMI) está siendo negociado por el gobierno argentino con un período de gracia de tres años como un triunfo.

En la declaración de los Jefes de Estado y de Gobierno, respaldada por el Presidente saliente de los Estados Unidos Donald Trump, la Canciller alemana Angela Merkel, el chino Xi Jinping y el ruso Vladimir Putin, entre otros, se reanudó la suspensión del servicio de la deuda de unos 70 países de ingresos bajos y medios bajos, a raíz de la iniciativa lanzada por el FMI y el Banco Mundial. Esta suspensión se extiende actualmente hasta junio de 2021, pero podría ser extendida por otros seis meses.

Los países también hicieron un llamamiento a los acreedores privados, entre los que observaron cierta «falta de participación» en los procesos de blanqueo de información y en las condiciones de los préstamos concedidos, y les pidieron que participaran «en condiciones comparables si los países lo solicitan», lo que podría quedar cubierto por la iniciativa de suspensión de la deuda.

Fernández aprovechó la segunda sesión plenaria de la cumbre para poner de relieve «las asimetrías entre los países del centro y la periferia y las desigualdades sociales» que se están agravando en la región a causa de la pandemia, y para pedir cierta coordinación a fin de «aplicar políticas económicas, industriales y sociales destinadas al cambio estructural de nuestras economías, que hoy en día sólo favorece la concentración de los ingresos en unos pocos y la distribución de la pobreza entre millones».

El Presidente habló de promover «un equilibrio entre el crecimiento económico, la inclusión social y la sostenibilidad ambiental», de fortalecer la cooperación en el sector energético tras la crisis de los precios del petróleo a principios de año y la tendencia a «un comercio agrícola abierto y transparente», que es un mensaje entre líneas a las potencias económicas, especialmente a las europeas, que están frenando el debate sobre la abolición de las medidas proteccionistas en este mercado.

A diferencia de Trump, Fernández ratificó los compromisos del Acuerdo de París y pidió que se redoblaran los esfuerzos para apoyar las medidas de adaptación al cambio climático y reducir el riesgo de desastres.